- ¡No os saldrá bien, no conseguiréis nada matándome! El chip ya está instalado.
- Lo encontraremos, Carl, no te preocupes.
Y Carl cayó bruscamente al suelo, un fino hilo de sangre recorría su boca y su cuello. Su hermana lo observaba fijamente desde su rincón. Aquellos señores abandonaron tranquilamente la habitación, entre alguna que otra carcajada.
Desde entonces Nadia no volvió a ser la misma. La verdad es que siempre fue distinta del resto de niños, pero en los años posteriores al asesinato de su hermano esta diferencia se acrecentó. Sus padres no hablaban del tema, en las noticias nunca se mencionó nada al respecto, era como si Carl nunca hubiera existido y eso la enfurecía. La pequeña cultivaba odio constantemente, se mantenía siempre distante de sus amigos, de hecho no llegó a confiar nunca en nadie.
Nadia crecía y pasaba las tardes entre libros e Internet, volcando todos sus esfuerzos en averiguar por qué mataron a su hermano y de qué chip hablaba, realmente vivía obsesionada.
Cumplidos los catorce, y viendo que la desesperación de la niña no disminuía, su madre se sintió obligada a resolver todas sus dudas, y lo hizo en una sola conversación:
- Mira tu muñeca, Nadia. ¿Ves algo? – comenzó a hablarle tan dulcemente como siempre lo hacía su madre.
- No. – Contestó tajantemente.
- Bien, eso es porque eres una mogüa, cariño.
- ¿Una mogüa?
- Sí, pequeña, los mogüa somos los últimos mortales, algo así como la resistencia. – Viendo la expresión de Nadia de total asombro e incredulidad, su madre decidió facilitar las cosas. - Mejor comenzaré desde el principio.
Verás, hace tiempo, a principios del siglo XXI más o menos, un terrible cambio climático asoló el planeta. El calentamiento global provocado sobretodo por la acción y la codicia humana hizo que los polos se deshicieran, los mares se desbordaran y arrasaran con medio mundo. Este desastre marcó un antes y un después en la historia del planeta, murieron millones de personas, y todo el mundo conocido hasta entonces quedó totalmente destruido. Podrían haberlo evitado si, pero no supieron o quizá no quisieron verlo hasta que fue demasiado tarde, les cegó el ansia de una mejor vida a costa del mismo planeta que se la proporcionaba. – En los ojos de su madre ahora se apreciaba rabia y dolor.
- ¿Pero que tiene que ver eso con Carl? – Nadia no encontraba lógica a las palabras de su madre.
- Paciencia cariño.-Volvió su madre a ese tono pausado y limpio, tan habitual en ella.- Tras aquél desastre mundial, la anarquía empezaba a reinar en los pedazos de territorios que no quedaron bajo el agua o reducidos a escombros, el caos se apoderó de esos pocos supervivientes. La confusión general hizo que pronto un puñado de poderosos y políticos influyentes se hicieran con la situación, y sirviéndose de aquellos peor parados, construyeron lo que hoy nosotros llamamos
Su objetivo primordial era dar cobijo a los supervivientes de la catástrofe, y así permanecer protegidos de otro posible cambio en el exterior.
Pero enseguida las distintas etnias casi por instinto se agruparon e instalaron por Barrios: Francés, Noruego, Portugués, Italiano, Americano, Griego, Ruso, Español… Surgieron muchas rivalidades entre ellos, cada uno fue adquiriendo características propias y distintivas: su ley, su idioma, sus costumbres… podría decirse que esos ghettos se llegaron a convertir en nuevos países. Y es que en realidad no estábamos preparados para una sociedad multicultural. – Hizo una breve pausa y se le escapó un suspiro. -En este momento fue cuando todo cambió definitivamente.
CONTINUARÁ