18 de agosto de 2007

La Burbuja III

"... ... ... ... ...


- ¡No os saldrá bien, no conseguiréis nada matándome! El chip ya está instalado.

- Lo encontraremos, Carl, no te preocupes.

Y Carl cayó bruscamente al suelo, un fino hilo de sangre recorría su boca y su cuello. Su hermana lo observaba fijamente desde su rincón. Aquellos señores abandonaron tranquilamente la habitación, entre alguna que otra carcajada.

... ... ... ... ..."



Desde entonces Nadia no volvió a ser la misma. La verdad es que siempre fue distinta del resto de niños, pero en los años posteriores al asesinato de su hermano esta diferencia se acrecentó. Sus padres no hablaban del tema, en las noticias nunca se mencionó nada al respecto, era como si Carl nunca hubiera existido y eso la enfurecía. La pequeña cultivaba odio constantemente, se mantenía siempre distante de sus amigos, de hecho no llegó a confiar nunca en nadie.

Nadia crecía y pasaba las tardes entre libros e Internet, volcando todos sus esfuerzos en averiguar por qué mataron a su hermano y de qué chip hablaba, realmente vivía obsesionada.

Cumplidos los catorce, y viendo que la desesperación de la niña no disminuía, su madre se sintió obligada a resolver todas sus dudas, y lo hizo en una sola conversación:

- Mira tu muñeca, Nadia. ¿Ves algo? – comenzó a hablarle tan dulcemente como siempre lo hacía su madre.

- No. – Contestó tajantemente.

- Bien, eso es porque eres una mogüa, cariño.

- ¿Una mogüa?

- Sí, pequeña, los mogüa somos los últimos mortales, algo así como la resistencia. – Viendo la expresión de Nadia de total asombro e incredulidad, su madre decidió facilitar las cosas. - Mejor comenzaré desde el principio.

Verás, hace tiempo, a principios del siglo XXI más o menos, un terrible cambio climático asoló el planeta. El calentamiento global provocado sobretodo por la acción y la codicia humana hizo que los polos se deshicieran, los mares se desbordaran y arrasaran con medio mundo. Este desastre marcó un antes y un después en la historia del planeta, murieron millones de personas, y todo el mundo conocido hasta entonces quedó totalmente destruido. Podrían haberlo evitado si, pero no supieron o quizá no quisieron verlo hasta que fue demasiado tarde, les cegó el ansia de una mejor vida a costa del mismo planeta que se la proporcionaba. – En los ojos de su madre ahora se apreciaba rabia y dolor.

- ¿Pero que tiene que ver eso con Carl? – Nadia no encontraba lógica a las palabras de su madre.

- Paciencia cariño.-Volvió su madre a ese tono pausado y limpio, tan habitual en ella.- Tras aquél desastre mundial, la anarquía empezaba a reinar en los pedazos de territorios que no quedaron bajo el agua o reducidos a escombros, el caos se apoderó de esos pocos supervivientes. La confusión general hizo que pronto un puñado de poderosos y políticos influyentes se hicieran con la situación, y sirviéndose de aquellos peor parados, construyeron lo que hoy nosotros llamamos La Burbuja. Un espacio de varios miles de kilómetros, aislado por completo del exterior, y controlado en su totalidad por la tecnología más avanzada conocida. En su interior imita fielmente cada detalle de lo que un día fue La Tierra. Cada árbol, cada semáforo, cada carretera, cada calle…todo parecía tener cabida en este nuevo mundo.

Su objetivo primordial era dar cobijo a los supervivientes de la catástrofe, y así permanecer protegidos de otro posible cambio en el exterior.

Pero enseguida las distintas etnias casi por instinto se agruparon e instalaron por Barrios: Francés, Noruego, Portugués, Italiano, Americano, Griego, Ruso, Español… Surgieron muchas rivalidades entre ellos, cada uno fue adquiriendo características propias y distintivas: su ley, su idioma, sus costumbres… podría decirse que esos ghettos se llegaron a convertir en nuevos países. Y es que en realidad no estábamos preparados para una sociedad multicultural. – Hizo una breve pausa y se le escapó un suspiro. -En este momento fue cuando todo cambió definitivamente.





CONTINUARÁ

4 de agosto de 2007

La Burbuja II


" ... ... ... ... ...

- Este colgante me lo dio tu hermano antes de morir.

La chica parecía seguir sin entender nada.

- Yo también soy un mogüa, Nadia. – Descubrió su muñeca para que la muchacha pudiera ver que no tenía ninguna marca. - También trabajé en los laboratorios del Gobierno junto a tu hermano, y sé lo que hizo y por qué lo mataron.


... ... ... ... ... "



La mueca que se dibujó en la cara de la joven no sabía si expresar asombro, rabia, dolor, alivio o rencor.

Hacía mucho tiempo que no oía hablar de su hermano, fue una etapa muy dura, y aunque no deseaba olvidarla, sí sentía que la debía dejar a un lado para poder continuar con su vida.

Aún recordaba aquella noche en casa de sus padres, ella tenía 8 años. Jugaba en su cuarto con Carl, que había vuelto tras más de un mes sin saber nada de él. Estaba tenso, no tenía buena cara, su nerviosismo era evidente, el rostro magullado... pero lo que no le faltó nunca fue la mejor de sus sonrisas para su hermanita pequeña.

Pasaron varias horas jugando con las cosas de Nadia, todo marchaba bien, la niña estaba feliz de volver a compartir juegos con su hermano.

Pero de repente oyeron voces en el piso de abajo, y también algún que otro tiro. A Carl se le desfiguró la cara, corrió a esconder a su hermana bajo la cama y le dijo que pasara lo que pasara no se moviera de allí ni hiciera ningún ruido. Apenas había asimilado la niña las palabras de su hermano cuando tiraron la puerta abajo y entraron 3 corpulentos hombres armados y un último enchaquetado y flacucho. Carl se puso rápidamente en pie.

Nadia no alcanzaba a ver de quién se trataba desde su escondite, pero al oír una voz la reconoció. Era ese hombre de la tele, alguien importante, un político muy conocido que hablaba mucho y sonreía aún más.

- ¿Sabes a lo que venimos, Wells? – También sonreía ahora.

- ¡No os saldrá bien, no conseguiréis nada matándome! El chip ya está instalado.

- Lo encontraremos, Carl, no te preocupes.

Y Carl cayó bruscamente al suelo, un fino hilo de sangre recorría su boca y su cuello. Su hermana lo observaba fijamente desde su rincón. Aquellos señores abandonaron tranquilamente la habitación, entre alguna que otra carcajada.






CONTINUARÁ