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- Este colgante me lo dio tu hermano antes de morir.
La chica parecía seguir sin entender nada.
- Yo también soy un mogüa, Nadia. – Descubrió su muñeca para que la muchacha pudiera ver que no tenía ninguna marca. - También trabajé en los laboratorios del Gobierno junto a tu hermano, y sé lo que hizo y por qué lo mataron.
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La mueca que se dibujó en la cara de la joven no sabía si expresar asombro, rabia, dolor, alivio o rencor.
Hacía mucho tiempo que no oía hablar de su hermano, fue una etapa muy dura, y aunque no deseaba olvidarla, sí sentía que la debía dejar a un lado para poder continuar con su vida.
Aún recordaba aquella noche en casa de sus padres, ella tenía 8 años. Jugaba en su cuarto con Carl, que había vuelto tras más de un mes sin saber nada de él. Estaba tenso, no tenía buena cara, su nerviosismo era evidente, el rostro magullado... pero lo que no le faltó nunca fue la mejor de sus sonrisas para su hermanita pequeña.
Pasaron varias horas jugando con las cosas de Nadia, todo marchaba bien, la niña estaba feliz de volver a compartir juegos con su hermano.
Pero de repente oyeron voces en el piso de abajo, y también algún que otro tiro. A Carl se le desfiguró la cara, corrió a esconder a su hermana bajo la cama y le dijo que pasara lo que pasara no se moviera de allí ni hiciera ningún ruido. Apenas había asimilado la niña las palabras de su hermano cuando tiraron la puerta abajo y entraron 3 corpulentos hombres armados y un último enchaquetado y flacucho. Carl se puso rápidamente en pie.
Nadia no alcanzaba a ver de quién se trataba desde su escondite, pero al oír una voz la reconoció. Era ese hombre de la tele, alguien importante, un político muy conocido que hablaba mucho y sonreía aún más.
- ¿Sabes a lo que venimos, Wells? – También sonreía ahora.
- ¡No os saldrá bien, no conseguiréis nada matándome! El chip ya está instalado.
- Lo encontraremos, Carl, no te preocupes.
Y Carl cayó bruscamente al suelo, un fino hilo de sangre recorría su boca y su cuello. Su hermana lo observaba fijamente desde su rincón. Aquellos señores abandonaron tranquilamente la habitación, entre alguna que otra carcajada.
2 comentarios:
Magnífica segunda parte. Me encanta ese ambiente de intriga.
Enhorabuena.
Seré un visitante asiduo.
...quiero más...
...y tenías mucha razón, se te da de maravilla.
Voy a dejar aparcado el libro q tengo... sé q no m vas a defraudar ;)
Por favor sigue así. Y no cambies nunca.
Luv ya
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